La multitud aturdidora aullaba en torno a mí al momento de entrar en el vagón.

— Se les informa a los señores usuarios que... —

Alta, delgada, ágil y noble. Surge de pronto, como un fogonazo de espiritualidad, aquella fugitiva belleza cuya mirada te hace renacer y succiona todo el oxígeno del vagón apenas entra en él. Ella es el fin de todas tus miradas furtivas, irresistiblemente atraídas en una vorágine que alcanza todo el universo. Bebes en sus ojos aquella dulzura que fascina y aquel placer que mata. Tú la conoces, la has visto, en otra vida se amaron. Tu corazón, crispado de un modo extravagante, se exalta al ver una sonrisa que reconoce tu existencia. Un cruce de miradas se vuelve un flujo de complicidad en doble vía. La vergüenza te hace bajar los ojos al suelo. ¿Verguenza? No. Bajas la vista para privar al otro la posibilidad de conocerte. Pero es inútil. Ella te conoce, te ha visto, en otra vida se amaron. Tocas su hombro y todo el tiempo se detiene, todo se disuelve. Sólo son tú y ella. Nada más existe. Sus almas se reconocen, hacen eco una en la otra. Ella no reacciona, pues nada más existe. 

Intentas de nuevo, un ligero toque en su hombro. Nada más existe...

— Un permiso, por favor.

…al menos hasta la próxima estación.




Fotografía; Waiting for the subway por Jake Stimpson 



1.       Siempre me han incomodado los abrazos. Nunca los espero, nunca sé cómo reaccionar ante ellos, siempre pienso que estoy haciendo algo mal y que soy muy torpe. Sin embargo, son una de las cosas más conmovedoras para mí.
2.       Siempre me ha gustado mucho estar solo. Mi pareja debe ser una mujer muy especial para mejorar el placer de mi propia compañía. Nunca he sido una persona humilde. Yo soy como soy, es mi naturaleza. No me creo mejor o peor que el resto, sólo me tomo mis apetencias más en serio que la mayoría de las personas.
3.       Siempre me considero una persona muy fría en el trato personal, introvertido y silencioso. Sin embargo, en un salón de clase, soy una persona extrovertida, llena de confianza y muy locuaz.
4.       Siempre he odiado el contacto físico constante, sobre todo al momento de saludar una persona y excepto en contadas ocasiones.
5.       Siempre me ha encantado el origami, pero no lo hago mucho en público. El Origami jugó un papel importante en mi vida cuando dejé de fumar.
6.       Siempre me han criticado que no sonrío en las fotos. Es cierto. Sólo sonrío en las fotos en las que aparezco practicando artes marciales.
7.       Siempre he sufrido pequeños ataques de pánico existencialistas. La intensidad de los mismos varía, y todos son ocasionados por un recordatorio de la inevitabilidad de la muerte.
8.       Siempre he sido y seré mucho más estricto conmigo mismo que con los demás.
9.       Siempre me he sentido identificado con el poema “Annabel Lee” de Edgar Allan Poe. No pregunten porqué.
10.   Nombré este blog luego de leer el libro de Italo Calvino.

Trabajo en dos sitios distintos de una misma ciudad, en dos realidades distintas, como si tuviera que cruzar un espejo para llegar a una desde la otra. Durante la mañana visito el extremo occidental de Eusapia, llena de mercaderes y tiendas, fábricas y artesanos, con sus casas amontonadas salvajemente una sobre la otra llenando la montaña de bosques de zinc, matorrales de acero y arbustos de ladrillo y cemento. 
Ahí enseño, o al menos intento enseñar, los valores, hábitos y habilidades que al otro lado de Eusapia se consideran normales, que los niños aprenden desde que nacen. Lucho ahí contra la violencia desmedida y contra una carencia eterna. Una carencia que ha existido más allá de lo que puedo recordar, y que siempre existirá. Ésta es la nación de la cursilería y el kitsch.
Al mediodía, a levantarse el sol a su punto más alto me embarco en mi viaje al extremo oriental de Eusapia y caigo en un sopor, casi sueño, profundo. Eso tienen ambos lados de Eusapia, sus calores y vapores te sumergen en un intenso sopor que detiene el tiempo en el puente entre los dos extremos de Eusapia. 
Cuando la intensidad del sol disminuye, despierto en el lado oriental de Eusapia, cubierta hasta el último centímetro cuadrado de un falso sentido del glamour, llena de mármol, granito y porcelana. En ésta, los momentos de despreocupación son los que más gozan de preferencia. Aquí los lujos abundan de una forma que ni en sus más salvajes sueños los habitantes del oeste de Eusapia conciben. Esto lo sé porque a veces trafico personas, transporto sus vidas de un lado al otro de la ciudad, como Caronte lleva las almas al infierno. Sin embargo, si te fijas con detenimiento y con el tiempo suficiente, podrás ver otras carencias, muy similares a las que existen del otro lado de la ciudad pero aun así, diferentes. Carencias emocionales, inseguridades e ignorancias escondidas entre bienes materiales. Ambos extremos de la ciudad coexisten en un baile de máscaras de seguridad y confianza. La única diferencia yace en que las máscaras de unos están hechas de cartón y las de los otros de porcelana. 

Confieso que trabajar en el extremo occidental de Eusapia es mucho más difícil pero gratificante. Pero si pasas mucho tiempo en este extremo de la ciudad, el riesgo de vivir entre carencias te obligará, sin que tú puedas darte cuenta, a entregarle tu vida. Vivirás entre pobreza, miedo y estrés. Se te irá la vida persiguiendo, entre un millar de humillaciones y privaciones, la ennoblecedora experiencia de salir de la pobreza. Morirás con el aprendizaje de que la pobreza en sí, es romántica sólo para los tontos. Ahora, también confieso que trabajar en el extremo oriental de Eusapia es mucho más cómodo y placentero. Pero si pasas mucho tiempo en este extremo de la ciudad, la indulgencia de vivir entre lujos te obligará, sin que tú puedas darte cuenta, a entregarle tu libertad. Serás regalado a relojes de pulsera, perfumes extranjeros, carruajes lujosos y demás artilugios indispensables. Te volverás flojo y despreocupado y tu vida dejará, también, de pertenecerte.

Dicen que la mejor forma de vivir es ésta, viajando de un lado a otro, manteniéndote en contacto con ambas realidades y sin dejarte llevar por ninguna. Pienso en ella al caer el sol y bajo el brillo de las estrellas de Eusapia, que brillan por igual a ambos lados de la misma. Llego a mi casa, y trato de ubicarla en alguno u otro lado de la ciudad. Quizás no viva en ninguno de los dos extremos después de todo. Quizás viva en un purgatorio vacío y en blanco. Quizás no pueda darle forma a mi existencia hasta que tome una decisión y escoja un extremo de la ciudad para vivir.

Yo digo que en los dos extremos no hay ya modo de saber cuáles son los ricos y cuáles, los pobres.


"Nicholas was" older than sin, and his beard could grow no whiter. He wanted to die.

The dwarfish natives of the Arctic caverns did not speak his language, but conversed in their own, twittering tongue, conducted incomprehensible rituals, when they were not actually working in the factories.

Once every year they forced him, sobbing and protesting, into Endless Night. During the journey he would stand near every child in the world, leave one of the dwarves' invisible gifts by its bedside. The children slept, frozen into time.

He envied Prometheus and Loki, Sisyphus and Judas. His punishment was harsher.


Ho.

Ho.

Ho.

Taken from Mindspill by Johnen Vasquez.

I was talking recently about the Occupy Wall Street demonstrations and the movement in general and got onto the subject of the people who just honestly don’t give a fuck, for whatever reason, simply don’t give more than a poorly thought out joke to the idea.
Naturally, like many people, I can’t help but liken situations like these to zombie apocalypse scenarios. Shit’s simply happening, and it’s happening NOW, and though it’s not new, it’s simply broken through some pustule on the surface of what just before seemed disturbingly status quo. Naturally most people are going to not want to see the emerging threat as anything but a little interruption in their day, all the while more and more zombies are popping up. It’s probably just a bad flu variant. Whatevuh.
The general thinking is that these are the people that have to be roused, recruited so that our numbers can better confront THEIRS, but all the while THEY, the zombie hordes are just devouring us as a single minded, organized engine of horror.
At what point do you see the people that just don’t give a fuck what’s happening around them as the enemy in much the same way as the zombies. In not fighting off the zombies, they’re essentially volunteering to be murdered and reanimated as another mindless weapon of the very thing you wanted them to help you fight off.
If you leave them alone, the zombies maybe take longer to notice YOU because they’re too busy eating the dick off the guy that, seconds before, was trying to think up something funny to say in response to your warning, something along the lines of “OCCUPY WAFFLES..huh huhuhhhh..” Dickless from the start, now just screaming and dickless.
Maybe that gives you time to run to relative safety, but now you’re numbers are less than what they would have been if people had just given a shit.
On the other hand, you didn’t put a bullet in that guy’s brain. You wasted time on prince dickless knowing full well all he gave a shit about was the comfort of every distraction he managed to cocoon himself with. Dickless isn’t a bad person, but he’s sure as hell not a player in this game. He’s an NPC, and one that’s just a step away from becoming an active enemy.
I’m not saying that, when you get serious with someone, when you try to engage them in some discourse about the course of action you guys should take when the zombies are banging on the windows and all that someone can do is puke out jokes that wouldn’t even be funny in even pre-apocalyptic times, I’m not saying you should shoot them.

Just know that they only make the zombies stronger.