Showing posts with label Traducciones. Show all posts
Showing posts with label Traducciones. Show all posts
 http://blog-imgs-24-origin.fc2.com/v/a/n/vanuzza/tumblr_lrorwmXtOv1qzy416o1_500.jpg

Por Andy Weir
Estabas camino a casa cuando moriste. Fue un accidente automovilístico. ada particular, pero fatal no obstante. Dejaste una esposa y dos niños. Fue una muerte indolora. Los médicos hicieron hasta lo imposible por salvarte, pero no sirvió de nada. Tu cuerpo estaba tan destrozado que era mejor que murieras, créeme.
Y entonces, me encontraste.
— ¿Qué... Qué pasó?— preguntaste — ¿Dónde estoy?
—Has muerto- dije claramente, no tenía sentido suavizarlo.
—Había un... camión y estaba patinando sobre la vía....
—Síp— dije.
— Yo... ¿morí?
—Síp, pero no te sientas mal por eso. Todos mueren — dije.
Miraste a tu alrededor. La nada, Sólo tú y yo.
— ¿Qué es este lugar?— preguntaste — ¿El más allá?
—Más o menos— dije.
— ¿Eres Dios?— preguntaste.
—Síp— respondí — Soy Dios.
—Mis hijos... mi esposa— dijiste.
— ¿Qué hay con ellos?
— ¿Estarán bien?
—Esto es lo que me gusta ver— dije — Acabas de morir y tu mayor preocupación es tu familia. Me encanta. 
Me miraste con fascinación. Para ti, yo no me veía como Dios. Sólo como cualquier hombre, o posiblemente una mujer, una vaga figura de autoridad, quizás. Más un profesor de gramática que El Todopoderoso.
—No te preocupes— dije —Ellos estarán bien, tus hijos te recordarán como ser perfecto en cada detalle. No tuvieron tiempo para desarrollar algún desprecio hacia ti. Tu esposa llorará en el exterior, pero se sentirá secretamente aliviada. Para ser justos, su matrimonio se estaba despedazando. Si te sirve de consuelo, se sentirá muy culpable por sentirse aliviada.
—Oh— dijiste — entonces ¿Qué sucede ahora? ¿Voy al cielo o al infierno o qué?
—Ni uno ni otro— dije — Reencarnarás,
—Ah— respondiste— así que los hinduistas tenían razón.
—Todas las religiones tienen la razón en su propia forma — dije — Camina conmigo.
Me seguiste a través del vacío
— ¿A dónde vamos?
— A ningún lado en particular— dije — sólo me gusta caminar mientras hablo.
— ¿Cuál es la idea, entonces?— preguntaste — Cuando renazca, estaré todo en blanco, ¿cierto? Un bebé. Todas mis experiencias y todo lo que hice en esta vida no importará.
— No, no — dije — Tienes dentro de ti todo el conocimiento y las experiencias de tus vidas pasadas. Sólo que no las recuerdas.
Dejé de caminar y te tomé por los hombros..
— Tu alma es más magnifica, hermosa y grande de lo que tú podrías imaginar. Una mente humana sólo puede contener una pequeña fracción de lo que eres. Es como meter un dedo en un vaso de agua y ver si está fría o caliente. Tú pones una pequeña parte de ti mismo en un recipiente, y cuando lo devuelves, has ganado todas las experiencias que esta pequeña parte ha obtenido.Has estado en un humano por los últimos 48 años, por lo que aún no te has estirado y sentido el resto de tu consciencia inmensa. Si nos mantenemos aquí el tiempo suficiente, comenzarías a recordarlo todo. Pero no hay ningún sentido en hacer eso entre cada vida.
— ¿Cuántas veces he reencarnado, entonces?
— Oh, muchas, bastantes. En muchas vidas diferentes — dije — Esta vez, serás una campesina china en el año 540 a.C.
— Espera, ¿qué? — Tartamudeaste — ¿Me estás enviando al pasado?
— Bueno, supongo que sí, técnicamente. El tiempo como tú lo conoces, sólo existe en tu universo. Las cosas son diferentes de donde yo vengo.
— ¿De dónde tú vienes? — dijiste.
— Oh, claro — Te expliqué — Yo vengo de un sitio. Un sitio diferente. Y hay otros como yo. Yo sé que quieres saber cómo es, pero honestamente no entenderías.
— Oh — dijiste, un poco decepcionado — pero espera, si reencarno en otros lugares en el tiempo, significa que yo pude haber interactuado conmigo mismo en algún punto.
— Claro. Pasa todo el tiempo. Y con ambas vidas sólo conscientes de su propio periodo de vida, tú ni siquiera te das cuenta de lo que está pasando.
— ¿Entonces cuál es el punto de todo?
— ¿En serio? — Pregunté — ¿En serio me estás preguntando por el sentido de la vida? ¿No te parece algo cliché?
— Bueno, es una pregunta razonable — insististe.
Te miré a los ojos 
— El sentido, el significado de la vida, la razón por la cual yo hice todo este universo, es para que madures.
— ¿Te refieres a la humanidad? ¿Quieres que maduremos?
— No, sólo tú. Yo hice todo este universo para ti. Con cada vida nueva creces y maduras y te vuelves un intelecto más grande.
— ¿Sólo yo? ¿Qué hay de los demás?
— No hay nadie más — dije — En este universo, sólo estás tú y yo.
Te me quedaste viendo por un instante. 
— Pero entonces todas las personas en la tierra... 
— Todos son tú. Distintas encarnaciones de ti.
— ¡Ya va! ¡¿Yo soy todos?!
— Ahora lo estás entendiendo — dije, y te felicité con una palmada en tu espalda.
— ¿Yo soy cada ser humano que ha vivido?
— Y los que vivirán también, sí.
— ¿Yo soy Abraham Lincoln?
— Y también eres John Wilkes Booth. — añadí.
— Soy Hitler — dijiste, pálido.
— Y también eres los millones que él mató.
— ¿Soy Jesús?
— Y eres todos los que lo siguieron.
Permaneciste en silencio.
— Cada vez que hiciste de alguien una víctima — dije — Te lo hacías a ti mismo. Cada acto de bondad que has hecho, te lo has hecho a ti mismo. Cada momento feliz o triste que alguna vez ha tenido cualquier humano, lo has tenido tú.
Lo pensaste por un largo tiempo.— ¿Por qué? — Preguntaste — ¿Por qué todo esto?
— Porque algún día, te volverás alguien como yo. Porque eso es lo que eres, eres uno como yo. Tú eres mi hijo.
— Wow — dijiste, incrédulo — ¿O sea que soy un dios?
— No, todavía no. Eres un feto. Aún estás creciendo. Una vez que hayas vivido cada vida humana a través del tiempo, habrás crecido lo suficiente para nacer.
— Entonces todo el universo — dijiste — es sólo...
— Sí, un huevo — respondí — ahora es tiempo de que vayas a tu próxima vida.
Y te envié a ella.
Comparto una traducción de un cuento corto de terror que tradujé hace un par de meses que fue publicado hace un par de semanas en El Archifonema.

Pueden encontrar el texto original en la página del autor Kris Straub

Pequeña Cosa Curiosa 

Recientemente, un amigo se dio cuenta de un extraño hábito que tengo, un hábito que desarrollé hace más o menos un año. Mi amigo notó que cada vez que entraba a una habitación, cualquier habitación, yo cerraba la puerta mientras alejaba mi rostro de ella y mantenía mis ojos cerrados hasta escuchar el pasar del seguro. Sólo después de que la puerta estuviera completamente cerrada, me permitía abrir los ojos. Él insistió en el tema hasta que le conté donde había empezado este hábito.



Trabajo para una compañía de sellado en Saint Paul. Producimos barniz impermeable para madera expuesta al agua — muelle, botes, ese tipo de cosas. Escucharás probablemente que sellador impermeable es algo impronunciable en el área que comprende Ashland, Ichor Falls e Ironton, pero no todas las compañías de sellado fueron partes del infame “Verano Ethylor” (1) que devastó la economía local de los cincuentas. Fui enviado en un negocio a una zona industrial a las afueras de Ichor Falls.

Me registré en este sombrío hotel, el “Hotel Umbra”, cuya decoración parecía que no hubiera cambiado desde 1930. El tapiz del vestíbulo se había vuelto amarillo debido a décadas de humo de cigarrillo, y todo tenía una capa fina de polvo, incluso el viejo detrás de la recepción. Esperaba que mi habitación; en el cuarto piso, estuviera en mejor condición que el resto del hotel.

Siendo un lugar antiguo, el hotel tenía un elevador desvencijado, del que tienen dos juegos de puertas: una de esas puertas plegables de metal, y un sólido par de puertas exteriores. Cerré la puerta, pasé el cerrojo y presioné el pequeño botón negro que indicaba mi piso.

Justo en el momento en el que las puertas exteriores del elevador estaban a punto de cerrarse, me sobresalté con la cara de una joven apresurándose al espacio entre ellas. Muy tarde, las puertas se cerraron y pasado un instante, el elevador comenzó a ascender.

No le di mucha importancia, hasta que volví a usar el elevador para bajar de nuevo por una de mis maletas. Entré, presioné el botón para el vestíbulo, y me apoyé cansado en la pared contraria a las puertas. Éstas estaban a punto de cerrarse por completo cuando de nuevo, fui sorprendido por la cara de una chica moviéndose hacía el espacio entre las puertas, mirando el interior del elevador a través de las puertas, muy tarde para interponer su mano para detener que las puertas se cerrasen. Esta vez, me eché hacía adelante y mantuve presionado el botón de “Abrir Puerta”, y en un segundo las puertas se tambalearon y se abrieron.

Esperé. Desde la abertura podía ver parcialmente a través del pasillo: no había nadie a la vista. Sin dejar de presionar el botón, abrí la puerta de metal y estiré el cuello hacía el pasillo para mirar en la otra dirección.

Nadie. Ningún rastro de la chica, ninguna puerta recién cerrada, ninguna pisada, ningún tintineo de llaves.

Dejé de presionar el botón, pero esta vez no me apoyé en la pared. Permanecí firme directamente frente a donde estaría ese espacio entre las puertas, en el centro del elevador. Luego de una pausa, las puertas exteriores comenzaron a deslizarse para cerrarse, moviéndose una hacia la otra hasta que el espacio que las dividía comprendía el ancho del rostro de una chica joven.

En ese cuarto de segundo, las yemas de sus dedos aparecieron, seguidas inmediatamente por su cara de nuevo, apresurándose desde la esquina, observándome detenidamente mientras las puertas se cerraban. Había estado viendo el espacio donde yo creía ella podía estar, y así la vi. — tendría al menos trece años, nada atractiva, más bien sencilla, con un pálido semblante y el cabello castaño oscuro al largo de su cuello que, parecía despeinado o ligeramente sucio.

No tuve el tiempo suficiente para mirar más allá de su hombro y ver qué estaba vistiendo. Basado en su comportamiento me pregunté si estaba huyendo de su casa o si era una niña de la calle que se había metido al edificio. Tenía la mirada perdida, una expresión vacía, matizada con una ligera desesperación, algún deseo distante o alguna necesidad. Una expresión que fácilmente podía estar acompañada por la frase “Por favor, Ayúdame”.

La siguiente ocasión que pasé delante de la recepción, le pregunté al viejo si él había visto a una joven niña corriendo por ahí.

“Has escuchado las historias, entonces” dijo mientras se aclaraba la garganta, meciéndose levemente en su asiento. “La joven Maddy ha estado aquí desde hace mucho tiempo. Usualmente le gustan los caballeros que se hospedan aquí. Siempre ha sido tímida. Nunca dice nada, ni una sola palabra. Sólo es curiosa”

Le dije que no había escuchado ninguna historia, y que había visto a una chica tomando las escaleras y parándose delante del elevador en cada piso mientras yo bajaba.

“Esa es nuestra Maddy,” dijo. “Le gustas entonces, se siente atraída por ti. Sólo quiere mirar, eso es todo, sólo mirarte. Eso es todo lo que ella hace. Pequeña cosa curiosa. Sólo quiere mirar.”

Me hospedé tres noches en el Hotel Umbra. Era un viaje de negocios de cuatro noches, la última noche intenté dormir en mi auto. De nada ayudó.

Déjenme que les cuente sobre la Joven Maddy. Lo único que obtienes son vistazos de ella, de una cara de apariencia resignada y callada desesperación, dominada por un par de grandes y oscuros ojos. Puertas cerradas, barricadas, nada importaba; ella se metía dentro. Nunca la vi por más de medio segundo. Cada vez que posaba mis ojos en ella, se retiraba al instante, sólo para aparecer otra vez una o dos horas después. Una o dos horas después si tenía suerte.

Déjenme decirles dónde vi a la Joven Maddy.

Cada vez que cerré la puerta de mi baño, la puerta de mi habitación, la vi. Si miraba mientras la cerraba, en el último segundo posible veía su rostro moviéndose rápidamente hacía el espacio entre la puerta y la pared, si abría la puerta, no encontraba nada.

Cada vez que cerré la puerta del armario, la vi. Si veía al espacio entre las puertas, ella estaría ahí súbitamente dentro del armario, inclinando su cabeza para observarme como la cerraba. Era como si supiera donde ir, donde estar para que mi mirada encontrara la suya. Aunque nunca hubo contacto, en ningún momento tocó la puerta o la pared.

La primera vez que me senté en el escritorio, la vi. Mientras cerraba el cajón grande. Ella se apresuró dentro, al espacio dentro del cajón, sus grandes ojos rogando por algo que yo no podía darle. Halé el cajón de sus rieles y lo tiré al suelo.

Yo sí pasé la última noche en mi carro, pero como dije, no sirvió de nada. Agitándome y dando vueltas en el asiento de ese auto rentado, inclinado hacia atrás lo más posible, en ocasiones abría mis ojos y si había un lugar para que ella pudiera ir para encontrarse con mi mirada cuando los abría, lo hacía. En el espejo retrovisor o espiando sobre el capó de mi auto — una vez de cabeza, en la parte superior del parabrisas, como si estuviera en el techo.


Estoy de nuevo en Saint Paul, lo he estado por más de un año. Pero Maddy no se ha detenido. Si mantengo mis ojos abiertos el tiempo suficiente , si miro un lugar el tiempo suficiente, eventualmente ahí estará ese vistazo — cerca de la fotocopiadora en mi oficina, una pila de cajas en un callejón, una columna en un silencioso estacionamiento — y mi mirada llegará ahí justo a tiempo para encontrarse con su mirada alejándose de la mía. No hay nada ahí cuando miro, así que he dejado de mirar.

Es así como tuve que cambiar las cosas desde el Hotel Umbra. He dejado de mirar. Mantengo mis ojos cerrados cuando cierro las puertas, cuando cierro cajones, gabinetes, refrigeradores, neveras, el capó de mi auto. No en todos los espacios, solo los que son suficientemente grandes.

Al menos, eso solía servir.

Estaba preparándome para ir a la cama hace unas noches, de pie frente a mi espejo del baño, puertas cerradas, gabinetes cerrados. Observándome a mí mismo limpiando mis dientes con el hilo dental. Abrí grande para poder alcanzar mis muelas.

Juro que vi las yemas de sus dedos retirarse hacia el fondo de mi garganta.
Traduzco y comparto con ustedes este fabuloso discurso, muy necesario y sabio en estos tiempos.

Lo siento, pero yo no quiero ser un Emperador, ese no es mi oficio. Yo no quiero gobernar ni conquistar a nadie.  Me gustaría ayudar a todos si es posible, judío o gentil, negro o blanco. Nosotros queremos ayudarnos mutuamente, los seres humanos somos así.
Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiarnos ni rechazarnos. En este mundo hay espacio para todos y la tierra es rica y puede proveer para todos. 

El camino de la vida puede ser libre y hermoso. 

Pero hemos perdido el camino.

La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha atrincherado el mundo con odio, nos ha hecho marchar a la miseria y a la masacre. 

Nos hemos desarrollado velozmente pero nos hemos encerrado a nosotros mismos. La maquinaria que nos da abundancia nos ha dejado en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra astucia,  rudos y crueles. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que maquinaria necesitamos humanidad. Más que astucia necesitamos bondad y dulzura. Sin esas cualidades, la vida será violenta y todo estará perdido.

El aeroplano y la radio nos han acercado más. La misma naturaleza de estos inventos exclama por la bondad en los hombres, exclama por hermandad universal, por la unión de todos. Aún ahora mi voz alcanza a millones a través del mundo, millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que hace que los hombres torturen y encarcelen a inocentes. A aquellos que pueden escucharme yo les digo: "No pierdan la esperanza". La miseria que ahora se cierne sobre nosotros no es sino la pasajera codicia, la amargura de hombres que temen el progreso humano: el odio de los hombres pasará y los dictadores morirán y el poder que ellos tomaron del pueblo, al pueblo regresará y así, mientras el Hombre exista, la libertad nunca perecerá...

Soldados... No se entreguen a los brutos que los rechazan y los esclavizan, que reglamentan sus vidas, les dicen qué hacer, qué pensar y qué sentir.  Les lavan el cerebro, los ceban, los tratan como ganado y como carne de cañón. No se entreguen a estos seres inhumanos, hombres máquina, con mentes y corazones de máquina.

Ustedes no son máquinas, no son ganado. Son hombres. Tienen el amor de la humanidad en sus corazones. Ustedes no odian, sólo los que no aman odian. Los que no aman y los inhumanos. Soldados, no peleen por la esclavitud, peleen por la libertad.

En el capitulo diecisiete de San Lucas está escrito "El reino de Dios está dentro del hombre" No un hombre, ni un grupo de hombres, sino en todos los hombres, en ustedes, las personas.

Ustedes tienen el poder, el poder para crear máquinas, el poder para crear felicidad. Ustedes tienen el poder para hacer la vida libre y hermosa, para hacer esta vida una maravillosa aventura. Entonces, en el hombre de la democracia usemos ese podemos, vamos todos a unirnos. Vayamos a combatir por un mundo nuevo, un mundo decente que le dé al hombre una oportunidad para trabajar, que les dé un futuro a los jóvenes y una seguridad a los ancianos.

Por la promesa de estas cosas los brutos han alcanzado el poder, pero ellos mienten. Ellos no cumplen sus promesas, nunca lo harán. Los dictadores se liberan a si mismos pero esclavizan al pueblo. Vayamos, ahora a combatir por cumplir esa promesa. Vayamos a combatir y liberar el mundo, para deshacernos de las barreras nacionales, deshacernos de la avaricia, del odio y la intolerancia. Vayamos a combatir por un mundo de razón, un mundo donde la ciencia y el progreso nos lleven a la felicidad de todos los hombres.

Soldados, en el nombre de la democracia ¡Unámonos!

¡Miren!, ¡Miren! Las nubes se despejan, el sol las atraviesa. Estamos surgiendo de la oscuridad hacia la luz. Estamos surgiendo a un mundo nuevo. Un mundo nuevo donde los hombres surgirán más allá de su odio y brutalidad.

Al alma del hombre se le han sido dada alas, y por fin está empezando a volar. El hombre vuela al arco iris, a la luz de la esperanza, al futuro, a aquel futuro glorioso que les pertenece, a mí, a todos.

¡Miren! ¡Miren!".