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memento mori [ˈmɔːriː] n [Latín: recuerda que morirás] Un objeto, como una calavera, que tiene el propósito de recordarle a la gente la inevitabilidad de la muerte.

Todos, eventualmente por supuesto, moriremos. Los escritores morirán, los artistas morirán, los filósofos y aun los políticos morirán, y tú, y yo, moriremos. Inclusive puede haber una persona muy cerca de ti, justo ahora, cruzando la calle irresponsablemente que morirá en cuestión de segundos, y todo por culpa de cierto autobús lleno de payasos. Todos moriremos, pero muy pocas personas quieren ser recordadas de este hecho fatal—fatal, una palabra que seguro sabes se refiere a algo inevitable y predestinado y no necesariamente a algo malo—. Puedes intentar esconderte y puedes intentar rezar, pero todos terminamos en un lugar de lirios y restos.

Memento mori se refiere a un vasto rango de elementos en el arte con el propósito de recordar a las personas su propia muerte eventual. Puede ser el tema de una pieza entera o quizás solo un pequeño elemento, como una calavera diminuta en la esquina de una pintura. Son comúnmente usados en el arte como figuras de calaveras, relojes de arena, velas apagadas, flores o frutas muertas e insectos.

Su origen data del imperio romano. Cuenta la historia que un general famoso regresaba a Roma victorioso de una larga batalla, con su carroza llena de los tesoros de su victoria. El general abrió su cofre ante el pueblo para mostrar sus riquezas y su invencibilidad. Un viejo esclavo al ver esto, arrojó un viejo hueso a los pies del general y le dijo: "Respice post te! Hominem te esse memento! Memento mori!" y desde ese día se volvió una costumbre en Roma, que cada general o emperador tuviera un esclavo en su carroza, cuyo deber era sostener una calavera y susurrarle al oído "Respice post te! Hominem te esse memento! Memento mori!" (Mirá detrás de ti. Recuerda que eres sólo un hombre. Recuerda que morirás.)

Cualquier cosa relacionada con el paso del tiempo puede ser uno, aún muchos relojes públicos incluían frases como Tempus fugit que significa “el tiempo vuela” o usaban una figura de La Muerte para golpear las campanas. Los relojes de pulsera también eran frecuentemente adornados con frases o calaveras para recordarle al usuario que su muerte era inevitable y el tiempo se acababa.

Otro género popular en el que es popular es el arte funerario. Muchos cementerios tenían lápidas o estatuas de calaveras o esqueletos. Aparecen en la literatura y la música así como en el arte visual también. Ya no son tan populares como solían serlo, pero aún se pueden encontrar ejemplos en la era moderna, particularmente en los reinos de la literatura y la música.

Memento Mori es el título que uso para mi colección de escritos y artículos sobre encontrar belleza en sitios inesperados y oscuros, sobre encontrar en el arte, en la literatura, en el cine, en la música, en toda experiencia artística y aun en la vida misma todas esas funestas cosas que nos hacen recordar que el tiempo vuela, que debemos vivir y disfrutar nuestras vidas dignamente día a día, que el mundo es un lugar atemorizante lleno de cosas aún más atemorizantes, que hay enemigos más peligrosos que la muerte y que eventualmente, todos vamos a morir, y que no hay absolutamente nada malo en eso.

Quizás tras disipar al disipar las sombras que se ciernen sobre la figura de la muerte y vencer mis miedos pueda así resolver —y disfrutar— antes de morir, el complicado misterio de nuestras vidas.


La multitud aturdidora aullaba en torno a mí al momento de entrar en el vagón.

— Se les informa a los señores usuarios que... —

Alta, delgada, ágil y noble. Surge de pronto, como un fogonazo de espiritualidad, aquella fugitiva belleza cuya mirada te hace renacer y succiona todo el oxígeno del vagón apenas entra en él. Ella es el fin de todas tus miradas furtivas, irresistiblemente atraídas en una vorágine que alcanza todo el universo. Bebes en sus ojos aquella dulzura que fascina y aquel placer que mata. Tú la conoces, la has visto, en otra vida se amaron. Tu corazón, crispado de un modo extravagante, se exalta al ver una sonrisa que reconoce tu existencia. Un cruce de miradas se vuelve un flujo de complicidad en doble vía. La vergüenza te hace bajar los ojos al suelo. ¿Verguenza? No. Bajas la vista para privar al otro la posibilidad de conocerte. Pero es inútil. Ella te conoce, te ha visto, en otra vida se amaron. Tocas su hombro y todo el tiempo se detiene, todo se disuelve. Sólo son tú y ella. Nada más existe. Sus almas se reconocen, hacen eco una en la otra. Ella no reacciona, pues nada más existe. 

Intentas de nuevo, un ligero toque en su hombro. Nada más existe...

— Un permiso, por favor.

…al menos hasta la próxima estación.




Fotografía; Waiting for the subway por Jake Stimpson 


Trabajo en dos sitios distintos de una misma ciudad, en dos realidades distintas, como si tuviera que cruzar un espejo para llegar a una desde la otra. Durante la mañana visito el extremo occidental de Eusapia, llena de mercaderes y tiendas, fábricas y artesanos, con sus casas amontonadas salvajemente una sobre la otra llenando la montaña de bosques de zinc, matorrales de acero y arbustos de ladrillo y cemento. 
Ahí enseño, o al menos intento enseñar, los valores, hábitos y habilidades que al otro lado de Eusapia se consideran normales, que los niños aprenden desde que nacen. Lucho ahí contra la violencia desmedida y contra una carencia eterna. Una carencia que ha existido más allá de lo que puedo recordar, y que siempre existirá. Ésta es la nación de la cursilería y el kitsch.
Al mediodía, a levantarse el sol a su punto más alto me embarco en mi viaje al extremo oriental de Eusapia y caigo en un sopor, casi sueño, profundo. Eso tienen ambos lados de Eusapia, sus calores y vapores te sumergen en un intenso sopor que detiene el tiempo en el puente entre los dos extremos de Eusapia. 
Cuando la intensidad del sol disminuye, despierto en el lado oriental de Eusapia, cubierta hasta el último centímetro cuadrado de un falso sentido del glamour, llena de mármol, granito y porcelana. En ésta, los momentos de despreocupación son los que más gozan de preferencia. Aquí los lujos abundan de una forma que ni en sus más salvajes sueños los habitantes del oeste de Eusapia conciben. Esto lo sé porque a veces trafico personas, transporto sus vidas de un lado al otro de la ciudad, como Caronte lleva las almas al infierno. Sin embargo, si te fijas con detenimiento y con el tiempo suficiente, podrás ver otras carencias, muy similares a las que existen del otro lado de la ciudad pero aun así, diferentes. Carencias emocionales, inseguridades e ignorancias escondidas entre bienes materiales. Ambos extremos de la ciudad coexisten en un baile de máscaras de seguridad y confianza. La única diferencia yace en que las máscaras de unos están hechas de cartón y las de los otros de porcelana. 

Confieso que trabajar en el extremo occidental de Eusapia es mucho más difícil pero gratificante. Pero si pasas mucho tiempo en este extremo de la ciudad, el riesgo de vivir entre carencias te obligará, sin que tú puedas darte cuenta, a entregarle tu vida. Vivirás entre pobreza, miedo y estrés. Se te irá la vida persiguiendo, entre un millar de humillaciones y privaciones, la ennoblecedora experiencia de salir de la pobreza. Morirás con el aprendizaje de que la pobreza en sí, es romántica sólo para los tontos. Ahora, también confieso que trabajar en el extremo oriental de Eusapia es mucho más cómodo y placentero. Pero si pasas mucho tiempo en este extremo de la ciudad, la indulgencia de vivir entre lujos te obligará, sin que tú puedas darte cuenta, a entregarle tu libertad. Serás regalado a relojes de pulsera, perfumes extranjeros, carruajes lujosos y demás artilugios indispensables. Te volverás flojo y despreocupado y tu vida dejará, también, de pertenecerte.

Dicen que la mejor forma de vivir es ésta, viajando de un lado a otro, manteniéndote en contacto con ambas realidades y sin dejarte llevar por ninguna. Pienso en ella al caer el sol y bajo el brillo de las estrellas de Eusapia, que brillan por igual a ambos lados de la misma. Llego a mi casa, y trato de ubicarla en alguno u otro lado de la ciudad. Quizás no viva en ninguno de los dos extremos después de todo. Quizás viva en un purgatorio vacío y en blanco. Quizás no pueda darle forma a mi existencia hasta que tome una decisión y escoja un extremo de la ciudad para vivir.

Yo digo que en los dos extremos no hay ya modo de saber cuáles son los ricos y cuáles, los pobres.
A trail in the sea of forest
Sin importar quién seas, dónde vivas o cuántas personas te estén buscando y persiguiendo, con frecuencia lo que no lees es casi tan importante como lo que lees. Por ejemplo, si insistes en leer este artículo en vez de algo más productivo mientras vas caminando por la estación del Metro y no lees el cartel que dice "Circule siempre por su derecha y cuando tenga que detenerse, hágase a un lado para permitir el paso de los demás Usuarios" podrías ciertamente prorrumpir disgusto ante las perturbadoras cosas escritas en este artículo o, peor aún, podrías repentinamente comprender que a nadie le importa realmente si eres un buen o mal usuario de los servicios públicos. ¿Pero por qué me molesto en escribir esto? Porque podrías en el futuro estar vagando por ahí leyendo un libro titulado "¡Aléjate! Trece lugares espeluznantes que no deberías visitar por Gabriel Goyo" y no leyendo varios carteles llenos de razones para vivir escritas en ellos, cosas como "¡La vida es preciosa, por favor reconsidera lo que haces!", "¡Piensa en tu familia!" o "¡Mayonesa!" y antes de que puedas darte cuenta podrías encontrarte a ti mismo en El Bosque Suicida de Aokigahara haciendo algo muy, muy, muy extremadamente estúpido. Habiendo dicho esto, te recuerdo que no estás leyendo el artículo junto a éste, que de seguro es mucho más corto, entretenido e interesante y que sinceramente te recomiendo leer, aunque corres un gran riesgo al hacerlo.

Al pie del Monte Fuji, en Japón, El Bosque Suicida de Aokigahara, es uno de los bosques más espeluznantes que existen; después de El Bosque de los Cien Acres, por supuesto. Sólo que en vez de diez enervantes creaturas aquí encontrarás más de quinientos cadáveres esparcidos entre los incontables árboles, tan densos que bloquean el viento y que junto a la absoluta ausencia de animales hacen difícil, aún a pleno mediodía no encontrar claros completamente oscuros y silenciosos.
Los hechos son estos: en los años cincuenta Seicho Matsumoto publicó una novela romántica que como todas las novelas románticas, es importante que no leas. Dicha novela, llamada "El Mar Negro de Árboles" cuenta la historia de dos personas que se suicidan en el famoso bosque. Más adelante en 1993, Waturu Tsurumi publicó “El Completo Manual del Suicido”, una guía ilustrada para suicidarse donde recomienda este bosque como un lugar idóneo para quitarse la vida, algo que es completamente falso pues cualquiera sabe que el lugar idóneo para quitarse la vida es la Estación de Capitolio en la hora pico.
Desde entonces, cientos de individuos impresionables han ido a ese bosque a recrear la historia del Señor Matsumoto y a seguir los irresponsables consejos del Señor Tsurumi. Para ellos hubiera sido muy importante no leer esos libros.

Por supuesto que hacer algo sólo porque lo leíste en un libro es algo absurdo. Cualquiera está consciente de que los libros, las películas, la televisión y la música no son más que entretenimiento y no una guía de cómo condenarse a sí mismo y si así fuera, conozco a un amigo que estuviera clavándole espadillas a todas las personas que le caen mal, algo de muy, muy mala educación. Sin embargo, El Bosque de Aokigahara ha estado relacionado con la muerte y el horror desde mucho antes, cuando el hambre y las epidemias azotaban a la población y las familias más pobres abandonaban a su suerte a los niños y a los ancianos que no podían alimentar. Por este motivo, surgieron historias que afirmaban que el bosque estaba encantado por los fantasmas de los niños y ancianos que no tenían suficiente migas de pan para hacer un camino de regreso.

Con una reputación tan infame como la mía, el bosque está abierto a cualquiera que no piense que la mayonesa es razón suficiente para vivir o a los trescientos operarios que marchan anualmente en el bosque para localizar los cadáveres que no han sido encontrados por los visitantes y guardias forestales. Pero a pesar de que es un bosque oscuro lleno de cadáveres colgados, no son los muertos la verdadera razón por la que hay que temer entrar a este lugar sino los vivos, los criminales y vagos que recientemente descubrieron que cuando has perdido toda esperanza de vivir no piensas en poner tu dinero y tu joyería en un lugar seguro y lo asombrosamente fácil que es robar a alguien que ya ha muerto. La verdadera razón por la cuál te digo ¡Aléjate! e incluyo El Bosque Suicida de Aokigara en los Treces Lugares Espeluznantes que no deberías visitar es por la terrible amenaza de encontrarte con peligrosos villanos acechando en el Bosque de la muerte.

Con eso o con algún oso amarillo sediento de miel y sus amigos.
Ustedes también lo han pensado, yo sólo lo escribí.


"Y a continuación declaraciones del representante de la Tendencia Sociópata de Venezuela culpable de los eventos ocurridos el pasado mes:

‘Jamás entenderé porqué el venezolano promedio es un conformista sin mentalidad de cliente. ¿Está consciente, ciudadano, que usted por viajar en esta unidad de transporte público está pagando y no siendo pagado? ¿Por qué se empecina en usar una unidad cuyos asientos están todos ocupados? ¿Es acaso su tiempo mucho más importante que el resto de sus conciudadanos? ¿Es acaso su tiempo más importante que su comodidad? No, mejor aún. ¿Es más importante que su salud? Sé que usted no se está preguntando ninguna de estas cosas. Usted se está preguntando cómo un buen muchacho es capaz de hacer algo tan horrible. Y no los culpo por centrarse sólo en eso, sólo nos enfocamos en los demás cuando algo está mal en ellos. Es en los demás donde siempre hay algo que está mal.

Sucedió una tarde de Junio, el sol castigaba de forma despiadada y el sol derretía todos los relojes ralentizando el paso del tiempo a niveles desesperantes. El autobús que había abordado era uno más de los dos millones doscientos automóviles inmóviles en el tráfico de una ciudad sin vialidad planificada. El capitalismo foráneo bloqueaba las calles con su ejército de camiones en su misión de robarle nuestra soberanía a unos ciudadanos entreguistas para quienes carros, reproductores de música y televisores lo son todos. Resignado a esperar la hora y media que me tomaba llegar a mi sitio de trabajo a sólo unos kilómetros de mi casa mis ojos desganados veían sin mirar como aumentaba la población de mi pequeña cámara del dolor, cada habitante con el aparente propósito de frotar sus genitales contra las fronteras de mi individualidad. Cada usuario que abandonaba el autobús, con sus asientos muy juntos uno detrás del otro, eran reemplazados por cinco que con desarrollada experticia encontraban un lugar donde ubicarse. Me encontraba en un profundo trance producido por la combinación de los espejismos del calor y la estruendosa trompeta de la salsa erótica cuando mi mente, harta de trazar el recorrido de aquella gota de sudor en la calva del pasajero justo en frente de mis ojos, se abandonó a una vorágine veloz de pensamientos, uno tras otro, tras otro, tras otro hasta desencadenar mi fin.
¿Qué podría hacer sino resignarse? Todo esfuerzo era inútil y un cambio de mentalidad era inconcebible y sin importar a qué dedicara mi vida; política, educación, filosofía, sacerdocio, medicina, policía, criminal, no había formar de cambiar el mundo en el que me había tocado vivir. No había absolutamente nada que yo pudiera hacer más que abrirme de piernas y dejar que el sistema y la presión social me tomaran. Como el autobús en larga fila de los dos millones doscientos de automóviles inmóviles, yo era un hombre más en la larga fila gris de veintinueve millones de venezolanos. Y sí, lo sé, muchos podrían juzgarme de ser un mal ciudadano, pero a la vista de los hechos, ese cargo es la menor de mis preocupaciones.
¿Por qué? ¿Por qué te cuesta tanto esperar al próximo autobús, tú, joven madre soltera con tus 3 niños, uno más molesto que el otro? ¿Por qué? ¿Por qué no pueden esperar dos minutos más, liceístas ruidosos? ¿Por qué? Estoy seguro que en el siguiente autobús había suficiente asientos, y si no había otro inmediatamente atrás de ese. ¿Por qué éste? ¿Por qué insiste en golpearnos a todos con su bolso de gran tamaño, Señora? ¿Por qué? ¿Está en realidad tan apurado, usted, mercantilista agresivo? ¿Qué le hace pensar que su tiempo es más importante que el mío? ¿Por qué debe importarme que vaya tarde? ¿Por qué? ¿Por qué se empecinan en parecer un proletariado infradotado? ¿Cuántas veces más tengo que escuchar la historia de aquel viejo motel, Señor Chofer? ¿Por qué yo, luego de haber planificado mi jornada con suficiente tiempo para esperar el autobús apropiado, debo darle mi asiento a una persona que agarró el primero que vio? ¿¡Por qué?!

¡CRACK!

Algo se rompió dentro de mí. Mis neuronas recorrieron caminos nunca recorridos en mi cerebro, exploraron sitios nunca explorados y pensé cosas que nunca había pensado. Me resigné, pero a mis pensamientos más oscuros. Y puse la bomba en aquel hospital. Con lo corrupto que están todas las infraestructuras en este país, fue más fácil de lo que pensé. Tan fácil que un estudiante de veintidós años sin ningún conocimiento o antecedente terrorista es ahora enjuiciado por la muerte de miles de personas inocentes. ¿Escandaloso, cierto? No obstante, ciudadano, respóndame usted. ¿Es acaso más escandaloso que veintinueve millones de vidas desperdiciadas? No siento pena alguna por la gente que murió, créanme, con lo deficiente que es el sistema médico y la falta de insumos, ya estaban todos condenados. Yo les he dado un propósito más alto a sus vidas que pudrirse en un hospital para niños. Yo le he dado un propósito más alto a mi vida sacrificando todos los años que pude haber invertido siguiendo un camino honesto, pero inútil. En estos momentos mi voz está llegando a millones de venezolanos, a millones de hombres, mujeres y niños desesperados en la ardua lucha por la supervivencia contra un sistema que tortura y encarcela a los hombres. En estos momentos todas las fallas que me llevaron y me permitieron cometer un acto tan horrible han sido desenmascaradas a sus ojos. ¿Cómo ha podido ocurrir esto? ¿Quién es el culpable? La verdad sea dicha, si buscan a mis cómplices, solo tienen que mirarse al espejo…”.

El joven tuvo que ser retirado del lugar antes de que la multitud, enfurecida por las acciones perturbadoras y las palabras cínicas lo linchara. Fue sentenciado a cadena perpetua, sentencia que nunca se llevaría a cabo en un país donde un reproductor de música cuesta más que un asesinato. El juicio por su alma fue increíblemente más corto que el juicio por su vida. Descubrió muy a su pesar, que todas las religiones tenían algo de razón y que su destino era el infierno. Mas no un infierno lleno de llamas y ríos de sangre ardiente, sino un mugroso edificio burocrático donde a cada condenado se le asignaba un infierno particular de acuerdo a sus crímenes en vida.

¿El suyo? Una cola sin fin, moviéndose tan lento que ante una eternidad más bien podría no moverse. Un autobús destartalado, lleno de gente superficial, un calor infernal, un vallenato trancado, un asiento muy angosto para sus piernas, una gorda amorfa a su lado con un bebé en las manos.

El bebé comienza a llorar.


Les comparto una reseña que escribió un amigo cercano—que no tiene blog, pero debería tenerlo—hace unos días. Además de gustarme, me interesó e inspiró muchísimo, le dio cuerda a los engranajes y me puso a pensar en criaturas de la noche, y en los monstruos que acechan aun donde menos lo esperamos. En fin,

Espero que les guste tanto como a mí. 

G


Even a man who is pure in heart
and says his prayers at night
may become a wolf when the wolf-bane blooms
and the autumn moon is bright.

Incluso un hombre que es puro en corazón
y dice sus rezos en la noche
puede convertirse en un lobo cuando la belladona florece
y la luna de otoño brille.

The Wolf Man 1941

Dentro de cada quien habita una bestia


Lobo hombre en París es una canción del grupo español La Unión; está basada en el cuento El Lobo-Hombre del escritor francés Boris Vian. Denis, el protagonista del relato, es un lobo vegetariano que vive en una cueva construida hace muchos años por un hombre que buscaba oro. Él, vive en armonía en las afueras de París: observando los accidentes de tránsito que ocurren con frecuencia en la carretera, coleccionando piezas de carros que salen volando por las colisiones y, con ellas, decorando su hogar sin la más mínima intromisión de sus vecinos y alimentando su afición por la mecánica, incluso, pasando desapercibido.

El video de La Unión toma muchas imágenes del relato y nombra personajes como el mago del Siam; hombre malvado que muerde al lobo Denis. Así como la chica que conoce en la ciudad y que será el punto de quiebre entre Denis y el mundo “civilizado”. Ahora bien, ¿por qué lobo-hombre y no hombre-lobo? Pues, en este caso, es al revés, no es el hombre el que se convierte en lobo, es el lobo que se convierte en humano. Denis es mordido por el mago y se convierte en hombre, se viste con la ropa que guarda de los accidentes y, con corbata y sombrero en mano, se dirige a la ciudad.

Denis se aloja en un hotel de mala muerte, luego, comienza a recorrer la vida nocturna por el Boulevard. Allí, visita los bares y se enfrenta a la vida bohemia y a la vez, peligrosa e ingrata del ambiente parisino. Denis, cumple con el típico estereotipo del joven bueno e inocente que viene de las afueras y no conoce la voracidad y la violencia de la urbe, mucho menos el fraude y el rencor. Es engañado por una chica que lo invita a su habitación y, cuando él se descuida, ésta saca el dinero de su cartera. En consecuencia, se enfrenta a puños con tres hombres en un bar quedando mal herido y luego, es perseguido por la policía. Al final, se transforma de nuevo en lobo y huye hasta llegar a su guarida, pensando en la venganza que no lo deja en paz.

La Unión lanzó la canción y el video en 1984, siendo un éxito en ventas por once semanas; convirtiéndose en un clásico del rock en español de todos los tiempos. Un tributo al relato de Boris Vian y, al estilo de las primeras películas en blanco y negro sobre hombres lobos del Cine Estadounidense, como The Wolf Man de 1941; película que fue grabada por segunda vez y fue lanzada este año con el mismo nombre, protagonizada por Benicio del Toro y Anthony Hopkins.

Historias acompañadas de una carga psicológica, en la que el hombre se debate con sus males internos que son alimentados por el mundo exterior, las cosas ajenas a los actos propios que nos hacen tomar un rumbo distinto en la vida, un rumbo contrario a lo que queremos, así como dijo alguna vez el Taita Boves de Luis Alberto Lamata: “Uno no es siempre lo que quiere, uno es lo que los demás te obligan a hacer.” El hombre es afectado por terceros y éste tiene el deber de ser fuerte y no dejar que cambie para vengarse, no debe permitir que el monstruo crezca. Debe buscar la manera de liberar el lobo y no convertirse en uno.

No es la bestia salvaje que se representa con el lobo, es la bestia interna que llevan los hombres en su alma. Es la lucha eterna entre el Dr. Jekyll y el Mr. Hyde que nos hace explotar y deja, que el monstruo se apodere de nosotros. Muchas veces la fortuna se ríe de nuestros deseos y de nuestros sueños. Una vez Nietzsche escribió en Más allá del bien y el mal: “Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.” A veces, como el estereotipo de los hombres lobos del cine, terminamos destruyendo lo que más amamos, destrozamos lo que hemos construido y, nos dejamos llevar por la bestia interna que se alimenta de los males de esta sociedad, de la injusticia, el egoísmo, la envidia.

Hoy, en cada ciudad, un lobo-hombre sale una vez más en sus caminatas nocturnas, buscando lo que aún persiste y que nunca pudo ser. Pasamos la vida en esa búsqueda, luchando contra nosotros mismos. La luna llena, está muy brillante esta noche, y alumbra el camino del Boulevard.

José Javier González






Nadie le tira piedras al olmo, todos le tiran piedras al peral. 
Nadie le tira piedras al árbol que no da fruto. 

Uno podría preguntarse quién estaría tan desquiciado para publicar mis tan terribles artículos. o quién estaría tan desesperadamente aburrido como para leerlos, pero la verdad es que tal gente existe, y hoy me referiré a una para hablarle de la otra. 

Bajo la frase "Perspectivas de la Diversidad" hace más de un año El Archifonema, una publicación libre creada principalmente por los miembros de la Escuela de Idiomas Modernos en la Universidad Central de Venezuela — uno de los sitios en los que solía ser fácil verme — ha permitido a cientos de estudiantes y escritores expresarse sobre cualquier tópico imaginable. La línea editorial siempre se ha permanecido abierta a "publicar sin juzgar", cualquier perspectiva alterna, cualquier discurso es escuchado y transmitido a sus lectores a través de artículos, ensayos, poemas, traducciones, cuentos, entrevistas y caricaturas en diversos idiomas, permitiendo que cualquier voz, por pequeña que pueda ser, se escuche.  

Antes de esparcir el pánico por la ciudad por la descripción de la metodología de la línea editorial que acabo de hacer, quisiera aclarar que si existe un  cierto control de calidad o  ciertos requerimientos que los artículos deben cumplir para ser publicados. Cada autor debe hacerse responsable por las emisiones opinadas o las opiniones emitidas en las hojas del Archifonema, son muy cuidadosos en salvaguardar los derechos de autor y la propiedad intelectual, algo que tiene un increíble valor en un país donde reina la piratería, y además no se permite esconder alguna identidad secreta tras algún nom de plum o escribir ningún mensaje que incite al odio o a la violencia, como he sido amable pero estrictamente advertido en varias ocasiones. 

Algunas secciones con mayor relevancia y agrado para su servidor —además de mis propios artículos, claro está— y que se repiten en cada edición son El Documento Visual y Die Sonne, secciones donde siempre se reseñan las obras de reconocidos intelectos y cuyas imágenes adornan el claroscuro de las páginas de la publicación. Pero más que reseñar el contenido general de la publicación, dejaré que ésta hable por sí misma y me centraré en un adjetivo que use para calificarla y a la cual no le di el énfasis requerido.  

El Archifonema es libre, y ha podido permanecer libre desde su creación, evadiendo los lazos de rodeo de varias distinguidas agrupaciones y varios distinguidos personajes, libre de todo orden político, religioso, filosófico y económico —la publicación es autosustentable y casi tan difícil de matar como una cucaracha de Kafka— y dicha libertad es la que ha favorecido a sus autores y redactores, más allá de lo que ellos puedan o estén dispuestos a confesar. El Archifonema es de esas publicaciones atrevidas que causan susurros entre pasillos y miradas incomodas, de esos “panfletos” que tumban dictaduras y dan una muestra de una verdadera representación no sólo para los estudiantes de la casa que vence las sombras, sino para cualquier persona sin importar cuán lejos o cerca pueda estar su discurso del centro de poder. Y me atrevo a decir que permanecerá así por mucho tiempo. 

Es entonces,  antes de responder a mí estimado editor por llamarlo desquiciado — vamos, que estoy ejerciendo mi derecho de libre opinión aquí— que les invito no sólo a leer sino a participar en tan perturbadora iniciativa con todo lo que tengan, artículos, ensayos, poemas, traducciones, cuentos, entrevistas y caricaturas en cualquier idioma — aunque el hecho de que el corrector pueda entender dicho idioma, lo facilita todo ¿no? — y primordialmente con su apoyo. 

Esta última edición están publicados dos artículos míos y el documento visual de una maestra y amiga con un mensaje importantísimo que sin duda alguna vale la pena ver — me refiero al documento visual y definitivamente no a mis artículos— si quieren participar, sólo deben comunicarse con nosotros si logran vernos o a  la dirección de correo electronico: elarchifonema [at] gmail.com, al grupo de Facebook, o en su blog. En esos vínculos encontrarán también las ediciones anteriores, disponibles y gratis para disfrutarlas o no.

Sobre el desarrollo de las civilizaciones humanas marcadas por el miedo.

Hace ya muchos años, un niño escandinavo escuchaba la historia de cómo Midgard, la tierra donde él vivía, era constantemente amenazada por inimaginables peligros, provenientes del oscuro mundo del caos: Utgard, habitada por peligrosos y desagradables trolls dispuestos a destruir el delicado balance entre las fuerzas del bien y del mal. Los Trolls secuestraban a Freya, la diosa de la fertilidad, y era por su ausencia que las cosechas no prosperaban, las mujeres no tenían hijos y el mundo a su alrededor se tornaba seco, frío y sombrío. ¿Cómo podría la humanidad sobrevivir a tan espeluznante realidad? Sólo el heroico Thor, cuyo martillo; de un poder ilimitado, no sólo desgarraba las nubes dando origen a las lluvias, sino que además era el arma suprema contra las fuerzas de la oscuridad. Sólo él podía vencer a los gigantes y a los trolls, recuperar a la diosa Freya y llevar junto con ella  la primavera y la felicidad a su tierra. He aquí, que el niño escandinavo escuchaba una historia que le provocaba miedo, pavor, e inclusive repugnancia ante la amenaza de aquellos Trolls, amenaza que sólo el dios del trueno y la lluvia, Thor, altísimo protector, podía vencer. He aquí una explicación mítica de cómo el miedo comienza a marcar a la humanidad desde sus orígenes, dando nacimiento a los sentimientos de espanto y disgusto a todo aquello que no comprendíamos, que desconocíamos, enalteciendo a todos aquellos seres únicos, tan poderosos, que eran capaces de superar el miedo y vencer a los peligros amenazantes.

No sólo en las civilizaciones nórdicas y germánicas podemos encontrar ejemplos como éste. En la antigua Grecia podemos encontrar como los muertos eran provistos de monedas ante la terrible posibilidad de que el fallecido terminará vagando por el inframundo, pues Caronte, el barquero, encargado de guiar las almas errantes de los difuntos, requería de un pago por sus servicios. Bajo las arenas del olvidado Egipto encontramos gatos cuidadosamente embalsamados junto al difunto, los gatos, guardianes de las puertas del infierno, se encargarían de impedir que alguna momia maldita pudiera regresar de su eterna condena.

La ficción ha explotado siempre los mitos y miedos contenidos en la historia del hombre. No es casualidad que Dracula o El Hombre Lobo habitaran en lo profundo del bosque, nido de innumerables peligros que amenazaron a la humanidad durante siglos.  No es providencial que Mr. Hyde, personificando nuestros primitivos instintos reprimidos, sea el demonio de una época en que la ciencia y la razón comienzan a dominar sobre las antiguas supersticiones, donde la imagen social es de vital importancia y  donde el temor se muda de los bosques hacía el interior de nuestro propio ser.

¿Cuáles son los miedos actuales? Aquellos que radican en el ser humano y en la sociedad. Los relatos de horror de hoy nos hablan de mundos distópicos y post-apocalípticos, donde toda nuestra economía y política ha colapsado. Nos resulta monstruoso cuan primitivo puede tornarse el ser humano empujado a los limites por la pobreza, miedo de un mundo capitalista, al punto de convertirnos de nuevo en caníbales. No es difícil encontrar en los relatos de horror de hoy  toda una sociedad decadente donde lo más importante es sobrevivir, más allá de los valores del amor, de la familia, o inclusive la convivencia. Sin embargo, más importante es la evidencia que radica intrínseca y burlesca de que el género de horror ha cambiado radicalmente.

¿Qué pasaría si transportáramos los miedos antiguos a la actualidad? ¿Acaso sentimos el mismo miedo al escuchar la tormenta? En la actualidad, al hablarle a un niño de “El Poderoso Thor”, lejos de pensar en la sequía y la cosecha, lejos de sentir miedo alguno por los trolls o los gigantes, éste comentará que Thor es uno de sus personajes favoritos de los cómics de Marvel. Al hablar de los gatos como guardianes del inframundo, muchos pensaran primero en los relatos de Anne Rice, o como los gatos, representaban el mayor miedo de Imhotep, la momia de las famosas películas de ficción que regresa a la tierra en busca de venganza. En un género que se caracteriza por provocar en el espectador sensaciones de terror y repugnancia no hay mayor ironía que los demonios de una época, lejos de asustarnos, ahora nos entretengan.

A medida que pasa el tiempo, a medida que avanza la civilización, irónicamente, va cambiando también el género de horror, convirtiéndolo casi en comedia. El Dracula que un tiempo nos causaba verdadero pavor, hoy podemos verlo impreso en cajas de cereal. Los trolls que aterrorizaban a los escandinavos ahora podemos verlos impresos a todo color en las manos de cualquier niño de 10 años que tenga un cómic de Thor. Los adeptos al encanto gótico de estos demonios podremos sentir nostalgia y melancolía ante la consciencia de este hecho. Sin embargo, la ironía que convierte el horror antiguo en comedia moderna, lejos de empobrecer o enriquecer al género actual, lo empuja a reinventarse a la par del hombre.

El villano actual no es sobrenatural, no es un vampiro o un lobo lejano, es un asesino en serie que podría ser cualquiera de nosotros mismos, si sólo nos dan el empujón adecuado. Los primeros zombies nacían de extrañas religiones caribeñas y maldiciones, los zombies actuales nacen de un experimento químico que salio mal, de la proliferación de un virus o una epidemia. Los fantasmas de hoy no arrastran cadenas ni vagan por los cementerios. Invaden nuestras casas gracias al fenómeno de la voz electrónica,nos hablan desde nuestros propios televisores, cintas de audio, grabadoras, etc. Miedo de un mundo donde la ciencia y la tecnología avanzada puede darnos explicaciones lógicas aún a hordas de zombies atacando nuestras casas.

La ficción ha encontrado en el horror, su más sublime fuente de inspiración. Una que es renovable, que innova constantemente a medida que los demonios y miedos humanos van cambiando. Una fuente, sin duda alguna, ilimitada, pues apenas vencemos un miedo surgen miles de otros. 

RETIRED - Alexander Tang, Georg-Simon-Ohm Hochschule


Nadie me escuchó ese día en la rueda de prensa. No es que tuviera derecho a réplica. No es que hubiera podido tenerlo, nunca fui convocado al evento en el cual se anunciaba que yo… ya no era imprescindible. Lo irónico es que aun así estuve presente, pues era mi deber cubrir dicho evento bajo el disfraz de mi doble identidad. Aún puedo recordar las peores palabras que he escuchado en mi vida, pronunciadas ese día.

— ¿Y qué si puede volar? — gritó algún entreverado. Uno más entre la multitud que prosiguió con una voz burlona y una pésima pronunciación del inglés— ¡Hey, yo también puedo! ¡Para eso existe Santa Bárbara o American Airlines!

Ésta fue sólo una de muchas quejas y reclamos y argumentos absurdos y sin sentido que tuve que escuchar ese día. “¿Y a quién le importa si es fuerte?”, “¿Quién paga la cuenta de ese teléfono para llamarlo?”, “O sea, yo no tengo nada en contra de él… Es sólo que, ¿sabes?, el bien está así como… fuera de onda, ¿me entiendes?”, “¡Es que es así como… demasiado noble!”

Sí, soy un superhéroe. Lo era. Lo soy. Desde mi atalaya velo por la humanidad, persiguiendo delincuentes y luchando a capa y espada por la paz, el amor y la justicia.

Pero hoy me doy cuenta que muy poca gente; aún entre los más aficionados de las novelas gráficas, pueden entender lo que es ser un superhéroe y lo que eso conlleva: Ser siempre oscuro, ser siempre frio y estar siempre tan lleno de conflictos. Nunca tener una mano que sostener ni un hombro para llorar. ¿Te imaginas vivir en silencio, sin vida propia y siempre metido en un incómodo disfraz que además te da picazón en la entrepierna? Imaginen vivir siempre bajo la presión y el deber de ser fuerte todo el tiempo, siempre honrado, siempre bondadoso. Y lo más importante, imaginen vivir siempre solo, pues la soledad es inevitable para aquellos que siempre se atañen a la moral de los héroes como yo. Eso fue lo que sucedió ese día. Soy un caballero oscuro con un alma brillante en un sitio donde no hay lugar para los valientes y atrevidos.

No los culpo por no entender, nadie está preparado para entender la verdadera naturaleza de ser un paladín de la justicia... Vamos, que ni siquiera yo lo estaba. Ese día, al ver los rostros y los ojos de cada uno de los malagradecidos ciudadanos de aquella metrópolis decadente, pude darme cuenta: A nadie le gustan ya los superhéroes. A nadie le interesa el hombre que representa todo aquello que los supera. Nadie quiere conocer al hombre que representa esa moral inmaculada e impoluta, tan alta e inalcanzable en los cielos que parece propia de una deidad y no de un ser que camina entre seres corruptos y condenados.

Ese día pude entenderlo. Yo sí era… Yo sí soy demasiado noble, demasiado ciego. Pude entender lo que decían sus miradas. “Ya somos mayorcitos, podemos cuidarnos solos. No necesitamos a alguien que se preocupe por esa bondad y esa inocencia que hemos dejado atrás”. Pude ver que más allá de todas mis nobles campañas y de las incontables veces que salvé la ciudad… Ellos sólo veían todo el mal que ellos habían obrado en sus vidas, reflejado en mis ojos.

¡Santos Murciélagos! Tal parece, que he sido traicionado.

Lo siento, pero no resucitare esa cruzada ya. Ya no estaré ahí junto al teléfono. Ya no responderé a la señal. Ya verán. Se arrepentirán. Me vendrán a buscar y yo no estaré ahí. No, estaré aquí, entre archivos y expedientes, desde donde escucho a los chicos al poder celebrar, la victoria de ese malicioso juego de engaños y mirando por encima del hombro al mundo que han creado, una tierra de niños perdidos y cerebros sedados. Aquí, desde el armario en el que, entre otras nobles campañas, velo por un piso al que limpiar, persiguiendo gérmenes y luchando a trapo y escoba contra el sucio, el polvo y las manchas.

Ésta es ahora mi vida y no preciso más.

Desde los principios del tiempo, el miedo ha estado involucrado en la historia y el desarrollo del hombre. Ha nutrido e inspirado muchas de las sensaciones y experiencias que el hombre ha tenido. Ha dado a luz a muchos movimientos que aún hoy se mantienen vigentes como piedras angulares de la sociedad y civilización humana. ¿Por qué, entonces, el miedo tiene una connotación tan negativa para la mayoría de la humanidad? A pesar de estas connotaciones, el miedo siempre ha sido una forma de definir con propiedad la experiencia humana, no hay otro ente que haya dado nacimiento a tantos sentimientos, experiencias y movimientos a través de la historia del hombre. El miedo, tan natural como nosotros mismos, está arraigado en nuestro propio ser. No hay un hombre que no tenga miedo, y probablemente estos miedos lo acompañarán por el resto de la vida. Vinculado con nuestra propia inteligencia y la consciencia de nuestra existencia, el miedo nos define como seres humanos, basta decir que no hay otro ser viviente que sienta miedo con la misma magnitud y con la misma consciencia que lo hace el hombre.


En los orígenes del tiempo, el miedo fue una de las primeras respuestas del hombre primitivo al mundo en el cual se encontraba sumergido, el miedo a lo desconocido creaba una necesidad de definir y de explicar eventos misteriosos que rodeaba al hombre antiguo y que iba más allá de su control. Descubrir aquello que es desconocido nos permite crear una garantía y una muralla contra el miedo, forma provisional de escapar a los sentimientos atroces y horribles causados por éste. El miedo a lo desconocido se ha venido heredando hasta la actualidad, arraigado en nuestro inconsciente, dando origen a nuestros miedos infantiles, cuando el mundo nos es vasto y desconocido. En este sentido Dorothy Thompson escribe: “El miedo crece en la oscuridad; si piensas que el coco está por ahí, enciende la luz”.

El miedo a estos eventos (ya sean la tormenta, la guerra, la oscuridad, la enfermedad) dio lugar al nacimiento de la mitología, creando dioses e historias para correr el velo de misterio de estos hechos y poder explicarlos. De igual forma creó dioses para proteger al ser humano de estos entes tan oscuros y peligrosos. De esta forma, el miedo se vuelve amalgama de lo que luego sería uno los pilares de la sociedad moderna: la religión. En un dilema que nos lleva a la creación del hombre por Dios o de Dios por el hombre, aún hoy en día uno de los mayores orígenes de la fe de muchas personas es el miedo, ya sea miedo a lo que pueda sucedernos después de la muerte o miedo a un ente todopoderoso que nos pueda castigar si no vivimos bajo una serie de códigos y normas.
El miedo a lo que nos hiere, a lo peligroso, crea una esencial necesidad por protección y seguridad, jugando un papel importante en la forma que creamos nuestros vínculos con las personas a nuestro alrededor desde el momento de nacer. En gran parte el cariño que le tenemos a nuestros seres queridos puede subconscientemente estar vinculado al hecho de que la familia y nuestros amigos, además de compartir nuestras alegrías, son las personas que nos protegen, que nos cuidan, con las que, sin darnos cuenta, compartimos también nuestros más profundos miedos. Instintivamente, al momento de elegir una pareja, buscamos aquella que pueda proporcionarnos cierta estabilidad emocional, cierta seguridad económica, respondiendo a los miedos innatos y los miedos causados en el transcurso de nuestro desarrollo.
El poder y control que tiene el miedo sobre el ser humano resulta extraordinario. El pánico puede regresar al hombre a sus niveles más primitivos, puede deformar nuestra propia realidad y aislarnos del mundo real. El miedo puede paralizar y matar al hombre, tanto como individuo como sociedad. En este sentido, el miedo ha originado muchos otros movimientos y ha estado presente en la historia de la humanidad: Durante la edad media un miedo constante a la herejía, al diablo, a un castigo divino y una necesidad de protección para la iglesia y el poder que ésta tenía, creó movimientos como el oscurantismo y más adelante la Inquisición. Durante la guerra fría el temor a una guerra, al poder de otra potencia, a otro sistema económico, llevó a los gobiernos a una producción masiva de armas nucleares, a la población a la construcción de refugios contra las armas nucleares y a una hostilidad casi irracional entre un país y el otro. Hoy en día una cultura de miedo trata de controlarnos y llevarnos hasta un punto de psicosis en el que podamos ser tan manipulables como un rebaño de ovejas huyendo de los lobos. De esta forma, el miedo se convierte en un arma, tal vez una de las más efectivas, económicas y letales, ya que usa la propia existencia del hombre contra él mismo.
En ese sentido, no es extraño que todo un género de la literatura, en su esfuerzo por describir y reflejar cada uno de los instintos y sentimientos humanos, se dedique al miedo y el terror, creando así toda una literatura sublime y diferente al resto de los otros géneros: la literatura de horror.
Aunque pueda ser repudiada por dedicarse a revivir sentimientos desagradables y ser menos práctica y placentera que una literatura de temas normales y corrientes, la literatura de horror cuenta con un atractivo irresistible, dado que se funda en uno de los sentimientos más intensos y permanentes en las mentes de los seres humanos: el miedo. La literatura de horror es la que refleja aquella otra mitad de nuestro ser, nos lleva a los oscuros recovecos de nuestra mente y nos transporta a nuestro más antiguo y primitivo ser donde yacen nuestros sepultados miedos. La literatura de horror nos permite escapar de nuestra rutina sumergiéndonos en un mundo oscuro lejos de la vida cotidiana, lejos de aquella mitad de cosas normales de la experiencia humana, estimulando nuestra imaginación, pintándonos todo un mundo de sombras y emociones y satisfaciendo nuestro humor negro innato a medida que vemos como otra persona sufre de un peligro del cual nosotros, testigos intangibles de la terrorífica historia, podemos deshacernos con facilidad simplemente cerrando el libro.
Si algo nos impide, sin embargo, cerrar el libro e interrumpir el relato terrorífico en el cual nos sumergimos con la literatura de horror, es aquel curioso coctel de adrenalina y placer que se dispara al momento de imaginar susurros en la oscuridad, presencias ocultas en las sombras o cualquier otra cosa que despierte esa parte de nosotros que permanece dormida el resto del día, que nos permite saber que seguimos siendo humanos. No podemos anular de la noche a la mañana toda una historia de evolución marcada por el miedo, una tradición tan profunda y tan longeva como cualquier otra.
La verdadera literatura de horror de H. P. Lovecraft va más allá de cualquier clásico cuento de terror que puedas contar entre tus amigos y los característicos íconos de la cultura de horror y miedo; más allá de un asesino que regresa del infierno, seres sobrenaturales, salones enteros bañados en sangre y sonidos escalofriantes. La literatura de horror juega con una atmosfera melodramática de sombras y fuerzas desconocidas con el fin de revivir una idea terrible para el hombre, para derrumbar nuestras murallas internas y nuestras garantías, y dejarnos expuestos ante los sentimientos atroces y horribles del miedo.
Así como el miedo nos define como seres humanos, es el miedo lo que define a la verdadera literatura de horror, la habilidad de producirnos escalofríos y pavor y de sumergirnos en un mundo oscuro en el cual, las normas de la naturaleza, los códigos que hemos creado para evadir el miedo, no existen, y entramos en contacto con lo terrorífico, con lo desconocido, con aquella otra parte de nuestra experiencia humana. La verdadera literatura de horror es aquella que toma nuestros miedos más profundos y juega con ellos.
En un mundo en el que cada vez hay más formas de expresarnos y en el que el cine y la tecnología pueden hacer posibles cosas que hasta hace poco sólo eran posibles en nuestra imaginación; En un mundo en el que cada vez hay menos espacio para lo desconocido y nuestros miedos son cada vez más desterrados de nuestro ser por la rutina diaria; la literatura de horror, la verdadera literatura de horror, representa un verdadero desafío para cualquier escritor. Un desafío que consiste en pintar con sólo palabras todo un mundo paralelo, motivarnos a usar nuestra imaginación y transportarnos fuera de nuestra cómoda realidad; y aún más desafiantes, resucitar y extraer de nuestro subconsciente aquel intenso sentimiento que pudieran experimentar nuestros más primitivos parientes ante el rugir de la tormenta, el crepitar del fuego, el susurro de lo desconocido y aquella presencia escalofriante escondida en las sombras de nuestro ser.
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Antes, llevados por el miedo a ser enterrados vivos, la gente colocaba en los sarcófragos un "Dispositivo de vida para personas enterradas" Entiéndase, los sarcógrafos eran construidos con agujeros en ellos, con una tubería de 3 metros de cobre y una campana que sobresalía de la tierra adjuntos. La tubería permitía a las personas enterradas vivas bajo la impresión de que estaba muertas, respirar. La campana les avisarle a las personas en el exterior que aún seguían vivas.

Cierta vez, el sepulturero de cierto cementerio, al escuchar una campana fue a ver... Seguramente eran algunos niños pretendiendo a ser espíritus. A veces era sólo el viento. Esta vez, no era ninguna de las dos. Una voz se alzó desde la tumba, rogando ser desenterrada.

— ¿Es usted María Pulido? — quiso confirmar el sepulturero.
— ¡Sí! — aseguró la voz, alarmada.
— ¿Nació usted el 6 de Septiembre de 18...? — preguntó de nuevo el sepulturero.
— ¡Sí!.
— La lapida aquí dice que usted murió el 19 de febrero... — respondió el sepulturero con algo de duda en su voz.

— ¡No! ¡No! ¡Es un error, yo estoy viva! ¡Desentierrame! ¡Liberame, por favor!

— Lo siento mucho, señora — dijo el sepulturero, pisando la campana para silenciarla antes de terminar la oración y llenar la tubería de tierra — pero estamos en agosto. Lo que sea que usted sea allá abajo, no está más viva y por Dios santo que no va a subir.
Batman: El Asilo de Arkham Asylum (Edición 15mo aniversario)

Autor: Grant Morrison Ilustrador: Dave McKean

Fecha de Publicación: 1 de noviembre del 2005
(Primeramente publicado en 1989)

Editorial: DC Comics

Páginas: 216

ISBN: 1401204252
(ISBN13: 9781401204259)




            El Asilo Arkham para Criminales Dementes es un lugar de corredores tenebrosos y sombras opresivas. Una casa salida de una pesadilla. Un acertijo de piedras y madera, que siempre ha estado sin resolver. Durante años, los enemigos de Batman, dementes y deformes, han estado prisioneros dentro de esos muros claustrofóbicos. En esas celdas acolchonadas y sótanos oscuros, se han cobijado y hecho planes, mientras sueñan con el día en que se han de levantar para dominar el mundo de la razón.

Ese día ha llegado.

              Batman: El Asilo de Arkham es un viaje terrorífico dentro de la obsesión y la locura. Una historia de horror psicológico y de secretos que reverberan a través del tiempo. En esta novela gráfica de Grant Morrison, los reclusos del Asilo de Arkham han tomado el centro de detención para enfermos mentales de la ciudad Gótica durante el día de los inocentes y exigen a Batman como intercambio por los rehenes. Aceptando el desquiciado desafío, El Caballero Oscuro es forzado a soportar la experiencia de vivir en los infiernos personales del Guasón, El Espantapájaros, Hiedra Venenosa, Dos Caras y muchos más de sus jurados enemigos para salvar a los inocentes rehenes y tomar de nuevo la prisión. A medida que se somete a las absurdas demandas del Guasón, la cordura del Caballero Oscuro se ve amenazada las sombras y los fantasmas que aguardan en los rincones del Asilo.


              El Asilo de Arkham es una de las mejores novelas gráficas que he leído y disfrutado y he de destacar dos razones que, en mi opinión, la vuelven realmente interesante y digna de ver: la trama y el arte. Éste no es un cómic clásico y común de Batman con los “Para, para, para, para… ¡Batman!” y los “¡BAM!” y “¡POW!”. De hecho, apenas hay alguna demostración de violencia y armas en ella. Morrision nos lleva en un viaje de exploración a través de la psiquis de Amadeus Arkham y principalmente, la psiquis de Bruno Díaz, un hombre victima de la pérdida trágica de sus padres a una temprana edad y que se ha formado una identidad alternativa muy clara.
Grant Morisson nos interpela en su obra con algunas preguntas inquietantes que todo fanatico de la saga se hecho. ¿Qué es realmente Batman? ¿Un paladín de la justicia? ¿Un hombre luchando y viviendo con sus miedos día a día? ¿Una víctima alzándose en venganza contra los criminales bajo la venda de la justicia? ¿O es acaso, cómo nos dice El Guasón, un loco inocente, que pertenece al Asilo de Arkham al igual que todos sus enfermos?

             La historia se vuelve más y más interesante y terrorífica a medida que vas comprendiendo que esta batalla en particular no se ganará con los puños y el baticinturón del Caballero Oscuro. La verdadera amenaza contra la que tendrá que cuidarse Batman es el mismo horror del sanatorio. Un horror intrínseco, escondido en las buenas intenciones de salvación, cura y redención a los enfermos. Las sombras y fantasmas del hospital van transformando a los criminales dementes en sombras deformes de sus antiguas personas, como el proprio Harvey Dent (Dos Caras) nos demuestra, desprovisto de la capacidad para tomar decisiones tan sencillas como ir al baño, con una personalidad destruida por un lugar que difícilmente se puede ver como un camino a la salud mental. ¿Podrá Batman escapar y salvarse de esta amenaza o caerá, destruido bajó el peso de las paredes del hospital? Batman tendrá que demostrar que es más fuerte que las paredes del asilo que se ciernen sobre él y que está por encima de sus prisioneros.


               Hay un par de aspectos que no disfruté de esta novela gráfica y que no la hacen merecedora de una evaluación superior. El arte usado es realmente loco. Definitivamente nos transforma el universo de Batman en una mitología moderna, pero los diálogos de Guasón, con la tipografía roja sobre blanco es una extraña elección, quizás concebida para enloquecer al lector. Sé que El Guasón está loco, pero no por eso necesita ser un loco ilegible.
Una jugada riesgosa de Morrison que a muchos no puede gustarle, es que Batman actúa muy fuera de personaje durante todo la novela gráfica. Vemos a un Batman retratado muy vulnerable e indefenso, con crisis emocionales por el recuerdo de sus padres y realmente desbalanceado. La aflicción que el asilo ejerce sobre él se nota en su enfrentamiento con situaciones y villanos, enfrentamientos que un Batman en mejor forma hubiera podido manejar de otras maneras más acordes a su código moral característico y su propia personalidad.
No es la primera vez que la dualidad entre Batman y El Guasón se toca, demostrando que ambos tienen una gran química, y Dos Caras también nos muestra visiones muy interesantes del mundo criminal, pero hay otra cantidad de villanos que son igualmente interesantes en el universo de la ciudad Gótica. En lo personal, me hubiera gustado que se les hubiera dado un papel un poco más protagónico a algunos de estos villanos. Sin embargo, sé que no puedo esperar un psicoanálisis completo de Batman, El Guasón y muchos villanos en una sola obra.

               El arte conceptual y las ilustraciones de Dave McKean —que demuestra una majestuosa habilidad para convocar imágenes desde las mismas profundidades del subconsciente de los criminales y las pesadillas del lector, ideal para retratar el Asilo de Arkham — y una trama inspirada por Lewis Carroll, Carl Gustav Jung y Aleister Crowley, con su estilo visual bañado de surrealismo y un horror clásico vuelven a esta novela gráfica un verdadera pieza de colección para las hambrientas bibliotecas de los entusiastas del horror y los cómics y una soñada ventana oscura y metafísica para aquellos hambrientos de escapar al mundo rutinario y vulgar en el que vivimos
"El último hombre sobre la tierra estaba sentado solo en una habitación. De repente, tocan a la puerta".

Este cuento de terror, de dos oraciones y digno de un tweet, aparece en varios blogs y varios sitios web a través de Internet, pero la mayoría no menciona ni su autor u origen. Este micro cuento son las primeras líneas de un cuento llamado "Knock" por Fredric Brown, publicado en la revista Thrilling Wonder Stories en su edición de Diciembre de 1948.

Estas dos líneas dejan implícito ese je ne sais quoi que tiene el verdadero cuento de horror sobrenatural. Más allá de las muertes, los huesos ensangrentados o las formas envueltas en sábanas que agitan cadenas, el verdadero cuento de horror debe tener una cierta atmósfera de inquietud, de ansiedad y un inexplicable temor a fuerzas desconocidas y ajenas a nuestro mundo. Lo maravilloso del micro cuento de Brown —Y lo que verdaderamente me cautivó— es que deja que el resto de la historia, o la verdadera historia; se desarrolle en la mente del lector al instante que termina de leer. El autor pone en marcha un mecanismo de piezas de dominó que termina con la maliciosa abolición de esas leyes inmutables de la naturaleza que nos dicen que tal cosa es imposible que suceda, eliminando el último baluarte en nuestro cerebro contra el ataque del caos y los demonios. Después de todo ¿Quién podría estar en la puerta?

Lamentablemente, la maliciosa suspensión de lo posible e imposible se desvanece cuando seguimos leyendo el cuento original, que cuenta la historia de Walter Phelan, el último hombre sobre la tierra luego que una raza alienígena llamada Los Zan invadieran y mataran a todos excepto a Walter Phelan y la última mujer viva, Grace Evans.

Sin embargo, la idea de Brown no fue tan original, considerando que existen varias versiones que tienen más de cien años, como la de Thomas Bailey Aldrich en 1870: "Una mujer está sentada sola en una casa. Ella sabe que está sola en todo el mundo. Cualquier otra cosa viviente está muerta. Tocan a la puerta”. Aún más devastadora, la versión antecesora de Aldrich no deja ningún lugar que pueda servir de refugio a nuestra mente. No hay ningún hombre, ningún otro ser vivo en toda la tierra… ¿Quién toca a la puerta?

Un par de años después de la publicación de “Knock”, en 1957, Ron Smith escribió una respuesta a la historia de Brown. La tituló “A Horror Story Shorter by One letter than the Shortest Horror Story Ever Written” (Una historia de horror más corta por una letra que la historia de horror más corta jamás escrita) Y consistía en un sencillo juego de palabras de la historia original: donde Brown escribió "The last man on Earth sat alone in a room. There was a knock on the door..." Smith produjo "The last man on Earth sat alone in a room. There was a lock on the door..." obteniendo el mismo efecto sobrenatural y reduciendo el cuento por una letra, batiendo el record anteriormente obtenido por Brown.

En el tópico de horror sobrenatural en la literatura, esta historia ha alcanzado llegar hasta mis favoritos al encerrar en minúsculas dos líneas el solo concepto que define un género de la literatura.

“El último hombre sobre la tierra estaba sentado solo en una habitación. La puerta tiene seguro”.

En mi mente se desarrollan dos devastadoras probabilidades: No sólo hay algo desconocido y ajeno allá afuera, el último hombre sobre la tierra quiere mantenerlo afuera y lejos de él… No sólo hay algo desconocido y ajeno que vaga por la tierra vacía, además ha encerrado al último hombre en una habitación.

¿Quién está en la puerta?



"...Con cerebro en la cabeza,
y dos pies en los zapatos,
puedes descubrir el mundo
donde quieras de inmediato
Tu sabes lo que sabes. Emprende el camino
Tu sólo elegirás tu destino…”
Dr. Seuss


En algún momento de tu vida seguro te encontrarás leyendo algo – De hecho, ya lo estás haciendo – y puede que notes que la primera oración de un escrito nos puede usualmente decir qué tipo de historia contiene en su interior. Por ejemplo un libro que comience con la oración: “Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece” probablemente nos hablará de un mundo sin sentido donde se dice “las trece” en vez de decir “la una de la tarde”. Un libro que comience con la oración: "En un agujero en la tierra vive un hobbit" probablemente te creará la necesidad de conseguir un diccionario y buscar la palabra “hobbit” para luego darte cuenta con un poco frustración que tal palabra no está en el diccionario. Finalmente, un poema que comience con la oración “Una tosca media noche, cuando en tristes reflexiones…” puede que contenga una de las más sublimes obras maestras de la literatura moderna, y si te gustan los cuentos oscuros o las tristes reflexiones sabrías que libro debes leer y podrías desechar el resto. Pero esta nota comienza con la oración: "¡Felicitaciones. Hoy es tu día. Emprende el camino hacia tu destino!" – en realidad comienza con “En algún momento de tu vida seguro te encontrarás leyendo algo…” aunque estoy seguro que ya los habías notado- y podrías creer por la primera línea de este artículo que quizás hablo de lo importante que es manejar tu propio destino, pero como con la palabra hobbit, puede que al seguir leyendo esta corta nota termines con una pequeña frustración.

"¡Felicitaciones. Hoy es tu día. Emprende el camino hacia tu destino!" Es la primera línea de uno de mis libros favoritos llamado: "¡Oh, cuán lejos llegarás!", de un muy conocido –quizás no por ti- y brillante escritor de libros infantiles llamado Theodor Seuss Geisel. Ahora, el Señor Seuss, como todos los grandes escritores usó un nom de plum – una expresión que aquí significa “un seudonimo para hacer parecer un nombre más distinguido o distanciar al autor de sus peligrosas obras – y puede que quizás lo conozcas más por su nom de plum: Dr. Seuss.

"Cómo el Grinch robó la Navidad" y "Horton escucha un Quién" Son algunas de las obras más famosas del Dr. Seuss, tan famosas que han inspirado grandes y costosos largometrajes. En las historias surrealistas del Dr. Seuss puedes encontrar aquella inspiración que buscabas, esa chispa que le faltaba a tu imaginación para encenderse o esa motivación que necesitaba tu cerebro para encontrar entre sus intrínsecos juegos de palabras – juegos de palabras que le hacen la vida imposible a mis colegas traductores - temas escondidos tan esenciales como la compasión por los demás o nuestro propio destino.

A muchos de mis asociados jamás se les hubiera ocurrido que de entre todos los libros que me apasionan serian mi gran afición los libros infantiles – lo son – , pero "¡Oh, cuán lejos llegarás!", como la mayoría de este tipo de libros tiene algo muy especial que enseñar, al terminar de leerlos podrías hasta descubrir que no estaban dirigidos para niños sino para adultos después de todo –Estoy seguro que sabrás que, como los niños hay muchos adultos que necesitan ser educados – y como la primera oración de este artículo revela que es una corta nota sobre un libro, la primera oración de "¡Oh, cuán lejos llegarás!" revela que el tema del libro es lo importante que es manejar tu propio camino y tu propia vida.

Ahora, mientras me preparo para partir a mi siguiente investigación y mi siguiente escrito, te invito, querido lector, a descubrir por ti mismo que más se esconde entre las páginas de "¡Oh, cuán lejos llegarás!" - no quisiera arruinarte la lectura de "¡Oh, cuán lejos llegarás!" diciéndote todo el contenido del libro y esto se suponía que sólo sería una corta nota – sólo te digo que tiene mucho que ver con lo que yo hago en este último párrafo, alentándote a tomar la iniciativa y descubrir algo – en el caso del libro algo mucho más grande – por ti mismo y que – como seguro ya sabrán - puedes ser tan bueno como quieras ser.

Y si, como yo, disfrutas traduciendo textos difíciles, he aquí el trozo inicial de este artículo en su idioma original, te invito a traducirlo y enviarme el trabajo terminado, y lo publicaré junto a mi próximo artículo.


You have brains in your head.
You have feet in your shoes.
You can steer yourself
any direction you choose.

You're on your own.
And you know what you know.
And YOU are the guy
who'll decide where to go.


~ Dr. Seuss ~

Another photo on Flickr® of the ferris wheel in Prypiat ;-)

Ciertos lugares parecen poseer, al igual que los hombres, un destino o propósito. Por ejemplo hay una ciudad al norte de América que es conocido como “el lugar más feliz sobre la tierra”. Mientras que hay otra ciudad, no muy lejos de la primera, ideal para desperdiciar grotescas cantidades de dinero en entretenidas trivialidades y hábitos que tu madre no estaría muy feliz de descubrir. Sin embargo, esta serie de artículos trata ciudades y lugares muy diferentes, como una completamente silenciosa, abandonada y radioactiva ciudad fantasma que aparece en video juegos. 

En este punto y antes de que sigas leyendo, temo mucho advertirte, que si esperabas una agradable lectura ligera, ésta no es una de ellas, y te invito a leer algún otro artículo que puedas encontrar menos- Aunque si está escrito por mí, dudo que pueda parecerte así- perturbador.


Hay muchos de estos lugares espeluznantes que siento es mi solemne deber visitar en el transcurso de mi vida y registrarlos en variadas notas para escribir un libro quizás llamado: “¡Aléjate! Trece lugares espeluznantes que no deberías visitar por Gabriel Goyo”. De todos estos lugares no hay muchos que me atraigan más como la particular ciudad localizada al norte de Ucrania llamada Prípiat. Una ciudad perfecta para llevar a cabo una misión de infiltración para evitar un trato con barras de combustible radioactivo por hombres muy, muy malos. 

Dicha ciudad, fundada en los años setenta, es conocida – aunque quizás no hayas escuchado de ella hasta ahora, es una ciudad conocida- como el antiguo hogar de quinientos mil empleados y científicos trabajadores de la Planta Nuclear de Chernóbil. Llamada “La ciudad del futuro”, Prípiat representaba una joya para la acabada Unión Soviética, que consideraba sus plantas nucleares más seguras que cualquier otro tipo de central eléctrica. Así como sitios donde la energía atómica era desarrollada sólo con propósitos pacíficos.

Puedes dejar de leer este artículo y pensar en planear tus próximas vacaciones en la hermosa Prípiat, pero es mi compromiso decirte que la ciudad está en mi lista de los trece lugares espeluznantes que no debes visitar porque, en el año ochenta seis, de acuerdo a una nota que encontré en los registros de la Unión Soviética, al parecer hubo un “pequeño error técnico en el reactor de Chernóbil”- Una frase que aquí significa “El catastrófico sobrecalentamiento del reactor de Chernóbil y su explosión quinientas veces más radioactiva que una bomba atómica lanzada en una pequeña aldea japonesa”.- por lo que, por razones de seguridad, la ciudad se vio en la necesidad de ser desalojada. 

Desde entonces, Prípiat se ha vuelto una ciudad fantasma con ningún habitante en lo absoluto, más que algunos investigadores, científicos y soldados que custodian una espeluznante zona con un espeluznante nombre como “Zona de Alienación”. Sin embargo sus habitantes más espeluznantes son los saqueadores, que se aseguraron de que muchos de los edificios de apartamentos fueran casi completamente saqueados –Una palabra que aquí significa que nada de valor se dejó atrás excepto algunas fotografías abandonadas, juguetes, ropa y otros objetos personales.- Además, si te llegases a encontrar con alguno de estos hombres muy, muy malos, debes saber que alrededor de Prípiat sólo queda un puñado de aldeas habitadas por algunas dos mil personas que difícilmente serían capaces de escuchar tus gritos, sin importar lo alto que puedas gritar.

Una vez conocí a una niña que solía imaginar seis cosas imposibles antes del desayuno cada día, pero aún ni ella hubiera podido ser capaz de imaginarse árboles creciendo en lo alto de edificios o dentro de sus habitaciones. Pero, dado que algunos edificios de Prípiat permanecen intactos e inhabitados sin importar los años y debido a que los edificios están… intactos e inhabitados y no son apropiadamente mantenidos, los techos gotean, las habitaciones se inundan de agua en primavera y no es inusual encontrar árboles creciendo en techos e incluso dentro de los edificios. 

Estoy absolutamente seguro que la ciudad fue en sus tiempos de gloria un lugar muy agradable para vivir, con quinientos arbustos de rosas, uno por cada habitante. Con muchos edificios de apartamentos, restaurantes, plazas de juego, hospitales, escuelas, gimnasios ahora abandonados. Uno de sus atractivos era una zona para que los empleados al salir pudieran relajarse y hacer picnics con sus familias e incluso competiciones entre los empleados. De hecho, uno de los iconos de la ciudad es la fantasmagórica – una palabra que aquí reemplaza a todas las espeluznantes, terroríficas palabras que puedas pensar combinadas - rueda de la fortuna, jamás usada porque fue construida sólo dos días antes de aquel desafortunado error técnico, parte de toda una feria abandonada de diversiones. Porque cuando vives junto a un reactor nuclear a punto de liberar una gigantesca ola de muerte y destrucción lo único que puede haber en tu mente es correr a la larga línea para los carritos chocones.

Actualmente, ya que los niveles de radiación han disminuido significativamente durante los años Prípiat está abierta al público, a pesar de que ésta no será habitable en un tiempo considerable – Los aproximados veinticuatro milenios que tarda el plutonio en extinguirse de forma absoluta- Así que quizás quieras, si consideras habitarla, recordar siempre usar un traje radioactivo, llevar contigo un dosímetro, no cultivar nada en el suelo y asegurarte de tener en tu casa nada más que algunas fotografías abandonadas, juguetes, ropa y otros objetos personales. Sin embargo, les aseguro que los amables señores del Gobierno de Prípiat y yo tenemos una opinión muy diferente al respecto, dado que yo considero que cualquier radiación es una cosa muy, muy mala y por lo tanto, siento mi solemne obligación terminar mi artículo con la firme advertencia de no habitar un sitio que básicamente es un abandonado, fantasma y radioactivo parque de diversiones para saqueadores ocasionales.